Con la urgencia del Instante

Antología de microrrelatos en español

Editor: Luis Alejandro Ordóñez

Editorial Ars Communis

Los microrrelatos son historias breves, en ocasiones brevísimas, pero definitivamente potentes, por eso no extraña que la microficción gane cada vez más adeptos. Escribir muy corto parece sencillo, pero no es nada fácil desarrollar una trama, perfilar personaje, crear un ambiente, plantear un conflicto y resolverlo en apenas pocas líneas.

Veo a alguien llorar en la calle y enseguida se abre una puerta a otro universo. Todo lo que cabe en una transparente gota se precipita por ese agujero Alicia Monsalve

Escribirlos es un reto que aceptaron con agrado 57 escritores de Florida, Illinois, Texas y Nueva York, ahora reunidos en esta publicación que va del costumbrismo a la ciencia ficción, pasando por el crimen y misterio, sin abandonar la reflexión introspectiva y esos temas cotidianos basados en experiencias vivenciales.

Tengo quince y tu cuarenta. No has cambiado, te delata el lunar sobre la ceja. El mismo que me mira de vuelta en el espejo... Rossana Sisso

Recorrer estos textos menudos a la vista, pero gigantes en contenido es toda una experiencia. En las páginas de Con la urgencia del Instante encontramos historias abiertas, pero muy bien definidas que rompen paradigmas como Afterword de Silvia Goldamn, La noche boca debajo de Kianny Antigua, y Los iracundos de Douglas Gomez Barrueta.

La furgoneta se detiene en un cruce de caminos. La carretera principal se perdió de vista kilómetros atrás. Cae la tarde y ya oscurece en este tramoSusana Galilea Nin

Un orgullo decir que la representación de Textos Lab también destaca en esta publicación con Todo va a estar bien de Rossana Sisso, El coleccionista de Genoveva del Orbe, y El Reflejo de Diana Rodríguez. No podemos dejar de mencionar los microrrelatos de Nancy Mejía, Patricia Schaefer Röder y Beatriz E. Mendoza, fascinantes e interesantes. Y la frescura que La decepción de José García le imprime a esta publicación respaldada por el Miami Book Fair, y que, según palabras del propio Luis Alejandro Ordóñez, promete para el próximo año una nueva edición.

Cuando olfateo a alguien tan equivocado una sobrecarga incontrolable se apodera de mí, como un cocodrilo que otea una víctima y se abalanza Manuel Hernández


El color de la noche empezaba a flotar sobre los retoños que estaban detrás de los grandes árboles. A lo lejos, el cielo se tiño de un pálido rojo allí donde surgía el océano.
— Yasunari Kawata

Historias en la Palma de la Mano, compilación de cuentos del escritor japonés Yasunari Kawabata, Premio Nobel de Literatura (1968).

Belén González

Este libro del novelista japonés Yasunari Kawabata, considerado uno de los escritores más talentosos del siglo XX, y ganador del premio Nobel de Literatura en 1968 por su "pericia narrativa para expresar la idiosincrasia japonesa con enorme sensibilidad", llegó a mis manos por casualidad mientras buscaba algunos textos cortos con sabor asiático. Confieso que leerlo fue un poco extraño, porque es denso, pero a la vez simple.

Buscando información sobre Kawata descubrí que tuvo una infancia triste, toda su familia murió cuando aún era un niño, y esa sensación de perdida lo acompañó hasta que decidió suicidarse, víctima de una severa depresión. No extraña que la soledad y lo difuso de la interacción humana se convirtiera en base fundamental de sus textos.

También leí que, durante su vida de letras, Yasunari Kawabata escribió 146 relatos breves, que abarcan distintos temas y géneros, aunque todos están íntimamente relacionados con sus vivencias de juventud. HISTORIAS DE LA PALMA DE LA MANO, recoge 60 de estos interesantes textos ordenados por año de edición, en los que se aprecia un exquisito uso de imágenes y simbolismos. Cuentos llenos de ritmo, atmósferas y emociones, de una potente carga poética y erótica, así como de una fuerte crudeza.

Me gusto tanto, que se les recomiendo porque definitivamente tiene un sabor diferente a lo que conocemos. Aquí les dejo mi cuento favorito:

CANARIOS

(Kanariya 1924)

Señora:

Me veo obligado a romper mi promesa y una vez más le escribo una carta.

Ya no puedo tener conmigo por más tiempo los canarios que recibí de usted el año pasado. Era mi mujer la que siempre los cuidaba. Yo me limitaba a mirarlos, a pensar en usted cuando los observaba.

Fue usted quien dijo, ¿no fue así?: “Usted tiene una mujer y yo un marido. Dejemos de vernos. Si por lo menos usted no tuviera mujer. Le entrego estos canarios para que me recuerde. Obsérvelos. Ellos son ahora una pareja, pero el vendedor simplemente tomó un macho y una hembra al azar y los metió en una jaula. Los canarios en sí no tuvieron nada que ver. De todos modos, por favor recuérdeme a través de estos pájaros. Tal vez sea desagradable entregar criaturas vivas como recuerdo, pero nuestra memoria también está viva. Algún día los canarios se morirán. Y, cuando llegue el momento de que mueran nuestros mutuos recuerdos, dejémoslos morir”.

Ahora los canarios parecen estar al borde de la muerte. La que los cuidaba ya no está. Un pintor como yo, negligente y pobre, es incapaz de hacerse cargo de estos frágiles pájaros. Lo diré claramente. Mi mujer se ocupaba de los pájaros, y ahora está muerta. Y como ella ha muerto, me pregunto si también los pájaros morirán. Y si así es, ¿era mi mujer la que me traía recuerdos de usted?

Hasta se me ocurrió dejarlos libres, pero, desde la muerte de mi mujer, sus alas parecen haberse debilitado repentinamente. Además, estos pájaros no saben lo que es el cielo. Este par no tiene otra compañía en la ciudad ni en los bosques cercanos donde reunirse con otros. Y si acaso uno se fuera volando por su cuenta, morirían separados. En aquel entonces, usted aseguró que el hombre del negocio de mascotas simplemente había tomado un macho y una hembra al azar y los había metido en una jaula.

Y a propósito, no quiero vendérselos a un pajarero pues usted me los dio a mí. Y tampoco quiero regresárselos a usted, pues fue mi mujer la que los cuidaba. Por otra parte, estos pájaros – de los que probablemente ya se haya olvidado – serían una molestia para usted.

Lo diré de nuevo. Fue porque mi mujer estaba aquí que los pájaros han vivido hasta el día de hoy, sirviendo como recuerdo suyo. Por eso, señora, deseo que estos canarios la sigan a ella en la muerte. Mantener su memoria viva no fue lo único que hizo mi mujer. ¿Cómo pude amar a una mujer como usted? ¿No fue acaso porque mi mujer permaneció conmigo? Mi mujer me hizo olvidar todo el sufrimiento. Ella evitaba mirar la otra mitad de mi vida. Si ella no lo hubiera hecho, seguramente yo habría desviado mis ojos o habría desalentado mi mirada ante una mujer como usted.

Señora, ¿no es correcto, entonces, que mate a los canarios y los entierre en la tumba de mi mujer?

 

Yasunari Kawabata