La Gaveta Inferior-Izquierda

Rossana Sisso

Era el primer día de trabajo de Axel, su estreno como licenciado. Llegó temprano y se instaló en su despacho vacío, sin mucho plan de por donde empezar. Pensaba en lo que necesitaba el espacio para lucir más profesional, cuando una cabeza canosa se asomó al umbral de la puerta.

—Bienvenido a la empresa. No dude en buscarme si le puedo ser de utilidad. Me puede encontrar al final del pasillo.  Presiento que nos vamos a llevar estupendamente —afirmó. 

Su tono era pausado, sin embargo, no dejaba espacio para intercalar una réplica. Y así mismo, sin esperar respuesta, desapareció. Axel quedó boquiabierto. El personaje le produjo curiosidad y además él era de presentaciones más formales, por lo que no tardó en acercarse a su despacho. Antes de tocar a la puerta no pudo evitar escuchar una conversación:

—¿Crees que sospeche algo? —la mujer hablaba en voz muy baja.

—Espero que no. Me resulta muy frustrante cuando me equivoco con un nuevo empleado — el misterioso personaje también hablaba casi en susurros, por lo que Axel no estaba seguro de lo que decían.

Este diálogo lo inquietó aún más. Tocó la puerta con timidez.

—Pase adelante

—Disculpe no sabía que estaba ocupado —mintió Axel, mirando a la desconocida, quien llamaba la atención por sus gruesos espejuelos de montura roja.

—Bienvenido a la empresa —dijo la mujer y salió sin siquiera presentarse.

De entrada, se sintió incómodo con la informalidad del ambiente. Las paredes estaban decoradas con afiches mal guindados.  Los adornos, que no hacían juego, estaban descolocados por los estantes. Lo que más llamó su atención fue la falta de algún diploma debidamente enmarcado. Se acercó para estrechar la mano de su interlocutor, cuando éste le interrumpió.

—Me alegro que haya venido, Axel. Tengo un favor que pedirle.

Nuevamente quedó sorprendido por la poca delicadeza del enigmático individuo.

—Diga usted, señor… —buscó con la mirada algún letrero con el nombre o el título, pero no lo había.

—Usted parece ser decente. Yo por lo general no me equivoco con esas cosas, así que iré al grano.

A Axel, este tipo de monólogo, que no invitaba a la conversación, le resultó inapropiado, más no osó interrumpir. Si había algo de lo que sentía particular orgullo, era de sus buenos modales.

—Tengo guardado aquí —señaló la gaveta inferior-izquierda— un sobre con documentos de suma importancia.

Continuó sin dejar de mirar fijamente a Axel, quien apartó la mirada de inmediato.

—Si algo llegara a pasarme, quisiera asegurarme que se encargará de destruir esos documentos.

—¿Está usted enfermo o corre algún peligro? —alcanzó a intervenir Axel, con voz entrecortada.

—No, nada de eso, pero mas vale ser precavido. Antes de entregarle la llave del cajón necesito saber si puedo contar con su lealtad.

Su tono sonaba casual, pero Axel no pudo evitar sentir cierta incomodidad en el estómago. Aunque resultara descortés continuar indagando, necesitaba conseguir algo más de detalles.

—Disculpe mi impertinencia, pero… ¿qué contiene el sobre?

—Esa información es privilegiada. Cuando llegue el momento, y no antes, puede que sienta la tentación de abrirlo. Le ruego que una vez que haya saciado su impulso, lo destruya. Mi reputación póstuma dependerá de usted.

—pero… ¿por qué confía en mi?

—Como le dije, me parece una persona decente y para serle sincero no cuento con más nadie. El que ocupaba su cargo antes de usted, mantuvo su palabra por los cuatro años en que trabajó en esta empresa. Me dio mucha tristeza verlo partir. Especialmente por la forma en que salió.

A sabiendas que le iba a resultar muy difícil negarse a la solicitud del insistente desconocido, Axel hizo un último intento de tratar de obtener algo de información.

—¿Qué le sucedió?  

—Disculpe que no pueda revelarle eso. Entenderá que un hombre en mi situación valora inmensamente la discreción. ¿Me da su palabra?

—La tiene, con la garantía que jamás divulgaré su secreto —declaró Axel, con una mezcla de sorpresa por la firmeza de sus palabras e inquietud por el escalofrió que le recorría la espalda.

—Cuento con ello —dijo. Y le hizo entrega de la llave.

No se supo lo que llevó a Axel a abrir la gaveta inferior-izquierda tan pronto tuvo ocasión. Parecía de naturaleza honesta, pero eso nunca se sabe.

 El hombre canoso y la anónima mujer de espejuelos rojos se prepararon para recibir al próximo empleado que ocuparía el puesto que Axel dejó. Acomodaron el sobre en el lugar de siempre con el mensaje:

La confidencialidad es fundamental en esta empresa.

Está usted despedido.

Departamento de Recursos Humanos

 

 

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